Flynn Broady sobre La Fe

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La Fe es algo personal y tiene distinto significado para distintas personas. Si una persona se adhiere a las enseñanzas de una religión en particular o tiene otra base para vivir una vida honorable es su decisión, y yo lo respeto. Recientemente comencé a estudiar activamente las distintas religiones . Hay muchos paralelismos entre lo que se dice en la Biblia y en otras obras religiosas. Los principios no están tan alejados.
Personalmente, soy cristiano, y creo en lo que la Biblia nos enseña. Algunas personas eligen versículos de las Escrituras para apoyar sus prejuicios. Durante mucho tiempo, la Biblia se ha utilizado para justificar la esclavitud y otros abusos. El ejemplo más reciente es el de quienes justifican su prejuicio contra las personas homosexuales al afirmar que se basa en creencias cristianas. Pero si leyeran una visión más amplia, entenderían el mensaje de que Jesús jamás enseñaría la intolerancia.
Jesús se avergonzaría de la forma en que nos discriminamos unos a otros. Jesucristo nos enseñó a amarnos los unos a los otros, no a discriminar. Cristo nos enseñó a amarnos los unos a los otros así como Él nos amó. Juan 13:34 nos ordena que nos amemos los unos a los otros. Mateo 22:29 nos dice, ama a tu prójimo como a ti mismo. En ningún lado dice la Biblia que amemos solo a algunas personas.
Antes del fallecimiento de mi madre en 1998, creía en el Señor, pero no asistía a la iglesia con regularidad. Después de la iglesia, al día siguiente de la muerte de mi mamá, encontré algunas notas en su Biblia sobre la fortaleza de su fe. Había una carta que ella me escribió un mes antes de morir. En ella, me decía que mientras ella respirara, ella haría el bien por amor a Dios. Ese día, entregué mi vida a Cristo y desde entonces lo sigo.
En 1999, fui asignado a Fort Campbell, y desde allí visité Normandía. Cuando visité un cementerio allí, la primera lápida que leí decía: “En el tiempo de Dios, nos volveremos a encontrar”. Sentí que era una señal de que mamá me estaba cuidando.

Luego fui enviado a Irak, y vimos el combate en mi primer día allí. Después de que un hombre bajo mi mando perdió un brazo y una pierna, caí de rodillas y oré. Todas las mañanas durante los 14 meses que estuve desplegado allí, comenzaba el día con una oración y un capítulo de la Biblia.  El Señor me protegía y aún lo hace.